(Des) Confianza y Elecciones

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(Des) Confianza y Elecciones

Sesenta y nueve países en el mundo estarán en elecciones en el 2024, es decir un 49% de la población mundial votará por su futuro. Sin embargo, los gobiernos y sus instituciones son los que reciben el más alto nivel de desconfianza por lo que se presentan desafíos importantes, así como oportunidades únicas para reconstruir la confianza, el optimismo y la resiliencia en nuestras instituciones y sociedades. 

En el marco de la reunión del Foro Económico Mundial en Davos, la firma global Edelman publicó su Barómetro de confianza 2024, revelando una nueva paradoja en  la sociedad. La innovación rápida ofrece la promesa de una nueva era de prosperidad, pero en cambio corre el riesgo de exacerbar los problemas de confianza, lo que lleva a una mayor inestabilidad social y polarización política.  

Los resultados son similares a la tendencia de los últimos años, las empresas continúan liderando con un 59%, aunque no llegan al umbral del 60% que Edelman considera como verdaderamente «confiable». Le siguen las ONG con 54% y los gobiernos con 50% en el índice de la confianza. Cabe destacar, que los medios de comunicación se encuentran en la zona de «desconfianza» con un 48%. 

¿Por qué se genera la desconfianza?

La confianza se forma desde una expectativa positiva sobre las intenciones y los comportamientos de los otros Es decir, se espera que una persona cumpla acuerdos y compromisos, si lo hace se generan espacios de cooperación y sinergias, en caso contrario se genera desconfianza.  Esto aplica igual con cualquier relación entre individuos (interpersonal), entre individuos e instituciones u organizaciones y entre individuos, organizaciones, instituciones públicas y el sistema democrático.  

Según encuestas del BID en Latinoamérica y el Caribe la desconfianza a nivel interpersonal es alta, lo cual a su vez se ve reflejado en el ámbito gubernamental. Menos de 1 de cada 3 personas confían significativamente en la administración pública de sus países. En promedio, la confianza en la presidencia y en el gobierno es de 32% y 27%, respectivamente. 

“Cuando la ciudadanía percibe algún tipo de “maltrato” por parte de las burocracias, disminuyen las expectativas positivas sobre las instituciones y, en consecuencia, se afecta negativamente la confianza.” Esta percepción de maltrato puede estar asociada a: 

  • Retraso o insatisfacción con los servicios públicos,  
  • Mal servicio ante empleados públicos poco calificados o comprometidos 
  • Debilidad de las respuestas de sistemas judiciales, de salud, de educación o de seguridad, entre otros 
  • Escándalos e impunidad alrededor de los temas de corrupción 

Sobre la corrupción, precisamente Transparencia internacional presentó el Índice de percepción de la corrupción 2023 demostrando que 2 de cada 3 países está por debajo de la media, 50 puntos. Siendo 100 un índice que demuestra alta transparencia y 0 altísima corrupción.  

De manera sencilla, si los países fueran estudiantes en la escuela, 2 de cada 3 estaría reprobado. Muy pocos pasarían de año en materia de lucha contra la corrupción. 

A la falta de fe en las instituciones provocada por los puntos expuestos, se le suma un entorno con ansiedad económica, la desinformación, la división de clases y la falta de liderazgo, llevando a la sociedad actual a una profunda y peligrosa polarización. 

América Latina ha mantenido desde hace décadas un grupo minoritario, pero estable, de ciudadanos que prefieren un régimen autoritario. Sin embargo, al preguntar si en algunas circunstancias, un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático” se observa un aumento significativo del 13% en 2020 al 17% en 2023.

Al examinar las diferencias entre 2020 y 2023 se aprecia un dato preocupante: quienes prefieren un gobierno autoritario aumentan en prácticamente todos los países, exceptuando el caso de Panamá que disminuyó un punto llegando al 13% este año. El apoyo al autoritarismo crece en mayor medida en México, Guatemala y República Dominicana.

La desconfianza alimenta la polarización

Las sociedades logran prosperar gracias a la cooperación e interrelación entre los individuos, y cada uno de los sectores que se conforman. Esto requiere un ecosistema de confianza que tiene como marco el conjunto de normas y leyes que cada sociedad ha ido construyendo y acordando, a lo largo de cientos de años.  

La desconfianza, por otra parte, genera y alimenta la polarización. El Trust Barometer del 2023 mostraba la baja intención y disposición de las personas de ayudar, vivir cerca y hasta trabajar con personas que estén en total desacuerdo con ellos.  

Al preguntarles “Si una persona estuviera totalmente en desacuerdo conmigo o con mi punto de vista, yo…” solo 3 de 10 personas lo ayudarían, solo 2 de cada 10 individuos estarían dispuestos a vivir en el mismo barrio, y solo 2 de cada 10 estarían dispuestos a tenerlo como colega en el trabajo. 

¿Cómo construir sociedades que puedan prosperar cuando no estamos dispuestos a ayudar, vivirtrabajar con quienes difieren de nuestra opinión? 

Se requiere que las organizaciones sociales, empresariales y políticas generen espacios de debates propositivos y constructivos, aportando a una cultura más participativa.

Panamá: política, confianza y elecciones

Los panameños no quieren conversar sobre política, según la tercera encuesta CIEPS de ciudadanía y derechos. Siete de cada 10 personas encuestadas conversan “poco o nada” con sus pares, cercanos, o familiares sobre el tema político.  

A su vez, un 68.6% dice no compartir ni consumir información política en redes sociales o chats. Más del 60% manifiesta sentimientos negativos hacia la política, como desconfianza, indiferencia, aburrimiento o enojo, y la mayoría no se identifica ni con los partidos políticos, ni con figuras independientes.  

Esto coincide con el último artículo ¿Democracia en Peligro? Un Vistazo a Latinoamérica y Panamá, donde Panamá presenta 83% de insatisfacción ante la democracia y los partidos políticos.  

El mismo informe del CIEPS, presenta la paradoja de que la población aspira a cambios radicales pero a su vez se encuentra profundamente despolitizada y sin intención de participar.  

Esto lo demuestra el 71.7% de las personas encuestadas, quienes consideran la participación política como “poco o nada importante” para ser buenos ciudadanos. 

Ante la devaluación del concepto de la política, que trae como consecuencia la deslegitimación de los representantes y de los mecanismos de deliberación política, se hace necesario salir de la narrativa de la “antipolítica” y volver a la esencia de la “polis”. 

La palabra de origen griego “polis” significa “ciudad-estado” y de allí deriva la política. La política consistía en ocuparse de los asuntos que importan a la ciudad (polis) o sociedad.

El politólogo panameño, Orlando Pérez explica los resultados de la encuesta al relacionarlo con la idiosincrasia del país: “el pragmatismo istmeño es producto histórico del modelo transitista en un país con una población muy reducida”, esto genera una gran disposición al diálogo como primera opción, pero a su vez, acalla el conflicto en lugar de procesarlo y, por lo tanto, conduce a políticas incongruentes con la realidad de un país.” (2024, CIEPS) 

¿Y qué pasa entonces con las elecciones?

En este contexto, las elecciones del 2024 presentan el desafío de salir de la narrativa negativa hacia la política. Es necesario hacerse preguntas incómodas con la disposición a escuchar todas las partes involucradas, y aprovechar al máximo la coyuntura electoral que se aproxima para construir una visión compartida.  

También es vital que los aspirantes al liderazgo del país traigan propuestas concretas en temas tan urgentes como transparencia y anticorrupción.  

Recientemente, se anunciaron los resultados del índice de percepción de la corrupción 2023, y Panamá bajó un punto en relación al 2022 quedando con sólo 35 puntos sobre 100, que además lo sitúa por debajo de la media regional de 43/100.  

Generar debates, informarse de manera rigurosa y cuestionar la narrativa negativa hacia la política son pasos esenciales para afrontar los desafíos de un país y mundo fragmentado y polarizado, solo así, se podrá reconstruir la confianza en las decisiones colectivas. 

Estos momentos críticos son llamados a la acción, y la manera en que respondamos determinará el rumbo de nuestra sociedad en el futuro. 

Desde cada sector de la sociedad hay oportunidades para aportar a la conversación y al debate constructivo. Desde el mundo individual, la responsabilidad principal gira en ejercer un voto responsable e informado.   

¿Estás dispuesto a generar debates propositivos y constructivos? 

¿Estás dispuesto a generar espacios de diálogo abierto a posiciones diferentes a la tuya?